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Cuerpo de tierra, cuerpo de mar. Cuerpo en transición

BY MARTHA ZEIN

Un automóvil puede recorrer 54 millas (90 kms aproximadamente) en apenas una hora. En este barco nos ha supuesto 13 horas. El cálculo me sirve para hacer evidente que no  somos iguales en tierra que en mar. Cuando nos desplazamos por tierra lo más habitual es hacerlo por objetivos; nos fijamos un destino y elegimos el camino que consideramos más eficaz… En el mar la relación espacio/tiempo cambia, sobre todo cuando usamos la fuerza del viento y la energía del sol. Cuando nos movemos sobre el agua de este modo el camino y nuestra forma de estar en él cobran protagonismo.

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(Observo: la pesca artesanal es respetuosa)
Si nuestra forma de movernos y de estar cambia, ¿Cómo no considerar que nuestro cuerpo también es diferente?. En nuestros desplazamientos terrestres nuestros pies tienen enorme valor mientras que en un barco las manos recuperan ese uso ancestral de ser un punto de apoyo y equilibrio. En tierra predominan las verticales, en el mar lo horizontal manda y contagia nuestros movimientos, haciendo de las velas una excepción. Sobre el suelo nuestros desplazamientos suelen ser rectilíneos, navegar implica hacerse expert@ en curvas, bucles, círculos y tirabuzones… Nos movemos en el espacio de otro modo, de ahí que muchas personas sientan náuseas cuando embarcan.
La solución más “recta” o, como suele decirse, la más eficaz, es tomarse una pastilla contra el mareo. En los años que llevo navegando he tenido la oportunidad de experimentar otro método, más lento. Se trata de una forma de iniciar el viaje que me obliga a ser consciente de que, aquí arriba, sobre las olas, soy otra. Consiste en practicar la escucha atenta a tu cuerpo y desde él percibir el entorno. De este modo puedes percibir los primeros síntomas del mareo mucho antes de lo habitual. En ese momento, además de respirar profundamente y dejar que el aire toque mi cuerpo y fundamentalmente mi  rostro, comienzo a repetirme al ritmo de las olas “soy flexible; como el agua, fluyo”. Lentamente voy notando que el cuerpo entero se deja contagiar por los movimientos circulares, sobre todo, la cintura.
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La pesca de arrastre duele
Poco a poco la náusea se irá… Y probablemente vuelva. No hay prisa, cada organismo necesita su tiempo. Es importante entender que los movimientos peristálticos de nuestro intestino son helicoidales, como las corrientes de agua. Somos agua, el cuerpo está entrando en resonancia con el medio, nada más.
No es agradable, lo sé, pero transformar mi cuerpo de tierra en cuerpo de mar se ha convertido en parte del viaje, y lo acepto, lo respeto y lo observo. Este estado puede durar muchas horas, a veces un día entero. En un tiempo para estar quieta, dejar que los pensamientos vayan y vuelvan, atender a mi organismo, comprender desde las vísceras que todo lo que de mí es fluido entra en resonancia con la pleamar, la bajamar, las olas… Que en lo grande como en lo pequeño la naturaleza entera está atravesada de ritmos… y el ritmo es música. Abrazar mi cuerpo de agua y abandonar el de tierra me permite recordar, por ejemplo, que como mujer tengo la fortuna de habitar un cuerpo que expresa abiertamente su resonancia con los influjos de la luna (que tan inmensamente redonda se está mostrando en estos días).
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El capitán y Manolo Vilchez, midiendo los campos electomagnéticos
Tener cuerpo de mar facilita, pues, la escucha activa, y esto da lugar a conversaciones en otro tono. En los pocos días que llevamos navegando hemos tenido la oportunidad de compartir mesa, tiempo y espacio con Manolo Vilchez (divulgador de temas ambientales, experto en cocinas solares y activista del cambio) y Julio Cantos (experto en permacultura, arqueobotánica y etnobotánica). La pasión de Manolo por los nuevos modelos de pensamiento es contagiosa. Mientras hace fotos, mide los campos electromagnéticos del motor y Twittea sus experiencias (@yocambio) recuerda la acción silenciosa del artista performativo turco, Erdem Gurdunz, que sirvió como nuevo modelo de protesta en el Parque Gezi… O las declaraciones de Assange sobre el ex técnico de la CIA, Edward Snowden, quien ha desenmascarado el insidioso estado de vigilancia masiva en el que vivimos, y que ha publicado en el blog que comparte con Carlos Fresneda, el “diario del sol“. Es él quien me retrata al amanecer del tercer día, en que rescaté de la maleta uno de esos libros fetiche que he traído a bordo: El caos sensible, de Theodor Schwenk, un libro escrito el año en que yo nací. ¿Cuanto tiempo tarda en florecer el conocimiento?
Julio pasará dos noches con nosotr@s y eso me permite saborear sus secretos. Cualquier opinión que sale de su boca forma parte de una forma orgánica de estar en el mundo. Nos entretenemos hablando de las formas como expresión de una forma de estar, de un proceso que es también la expresión de un conocimiento. El agua, por ejemplo tiene “el deseo” de adoptar la forma esférica y tiende a ella una y otra vez, creando esferas, hélices… En su recorrido. Me habla de un ecosistema que está diseñando en Mallorca, en el que los espacios están distribuidos de forma esférica, como en una diana, con el hogar en el centro… O de las espirales aromáticas que tanto enseñan… O de esa pirámide de alimentos a la que tanto nos referimos para pensar en nuestro equilibrio alimentario.
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Julio Cantos y el capitán limpiando los paneles solares
  “Piensa en nuestros antepasados, hay alimentos a los que no podían tener acceso… Ve más atrás, pregúntate de nuevo qué alimentos realmente necesita el ser humanó para vivir… Estamos hech@s de oxígeno y carbono… Sin comer podemos resistir semanas, sin agua, días, pero sin aire… Apenas unos minutos”
Y de golpe la pirámide se deshace ante mis ojos y vuelven a mí las 13 horas de camino. La respiración profunda como vértice de esta nueva tabla de alimentos… Y el agua.. Y ese equilibrio rítmico que implica una ola cuando hermana el viento con el mar… Y me alegra aún más que cada año está transformación de cuerpo de tierra a cuerpo de mar vaya adquiriendo más y más sentido.
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Baby-rapés, una oferta (y una demanda) absolutamente intolerable
Ya en tierra, nos acercamos a una pescadería. Las piezas son cada vez más pequeñas. Quizá vaya siendo hora de plantearnos si pescar es ya una actividad insostenible, simplemente porque hemos agotado los fondos marinos.
Loque es cierto es que hoy, ir a una pescadería, duele.
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7 thoughts on “Cuerpo de tierra, cuerpo de mar. Cuerpo en transición

  1. Buen domingo, amiga!!!
    Cuánto daría por escuchar vuestros “ratitos” con Manolo y Julio, guías para mí durante muchos años.
    Y a ti y a Tony por lo que sois.
    Os quiero!!!
    Lola

  2. Hola Marta! leyendo tus escritos me vienen unas ganas tremendas de dejar de ser bípeda, de cambiar los ritmos de mi cuerpo, disfrutar las curvas y descansar de la pasión que siento por la tierra… Enhorabuena! Cúanto es mérito de la naturaleza y cuánto talento tuyo?

  3. Un comienzo de viaje fluido que engancha !! gracias por esas palabras e imágenes que nos transportan a otros mundos. Un pequeño comentario sobre el respeto de la pesca artesanal : comparada con el arrastre es mejor pero también es tecnológica, los sonares señalan los fondos, las rocas donde se encuentran los peces, las redes de nylon matan mucho más pescado del que se aprovecha, las maquinillas tienen la potencia para subir metros y metros de redes,…hay regulaciones, sí, pero el mar cada vez está más vacío

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