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Los ríos y los mares se suman a nuestro “Slow Change”

BY MARTHA ZEIN

Llevamos toda la jornada recorriendo el mar para alcanzar el Ebro en una lenta e improvisada cuenta atrás. Las tormentas han acompañado la travesía, obligándonos a afinar nuestras estrategias. Aunque a medida que avanzábamos el gris se fue transformando en un azul intenso, el viento no ha querido ponérnoslo fácil, obligando a nuestra proa a entrar en el delta mirando de lado. Una vez en su seno, el río ha vuelto a  hacer plácido el viaje. Sonrientes, hemos alcanzado Amposta al atardecer.

Regresamos a estas orillas porque WWF ha decidido cerrar la campaña “Embárcate” enlazando la defensa de los fondos marinos con la de la sostenibilidad del Ebro. El viernes, el Consejo de Ministros tiene previsto aprobar un Plan Hidrológico que secará el cauce de este río de forma irreversible. Asisto a las tomas de decisiones, los debates, los compromisos… desde mi simbólico cuarto de máquinas, impresionada por los caprichos del destino, porque cuando comencé este viaje el Ebro sólo era mi pasión privada y nuestro paso por él la confirmación secreta de un idilio. Ahora formo parte de los cuatro millones de personas que respaldan a WWF desde todas las partes del mundo, comprometidas con el bienestar de este planeta, y de ese mar de gentes que desde hace 13 años defienden la salud de este soberano y silencioso río a través de la Plataforma por la defensa de  l’Ebre.

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El Ebro habla en Tortosa
Recibo el lema del final de la campaña (“Sin el agua del Ebro no hay peces”) con el corazón esponjado, como si participara en una fiesta sorpresa. “Traemos sal para tu dulce boca, teñimos de azul tu verde, en la mezcla van diluidos los testimonios de decenas de personas con las que hemos hablado estas semanas”, le digo al río.
Contemplo con emoción su cauce. Vuelven a querer secarle, como ocurría hace más de diez años, cuando comencé a caminar junto a él. Ahora, aunque parezca imposible, regresan para multiplicar el número de embalses, crear espejismos agrarios, privatizar sus aguas… El proceso, que empieza formalmente este viernes, 2 de agosto, durará tres largos años, de modo que aquí estamos, armad@s con piel y razones, surcando una vez más este cauce, repitiendo las veces que haga falta que el planeta es nuestro hogar.
Estamos organizando un acto reivindicativo para el próximo domingo, 4 de agosto, en Amposta. Se lo vamos contando a todo el mundo. Será el resultado simbólico de la suma conciencias y voluntades que van más allá de este territorio, de un gobierno preciso o un ministro concreto.
Nada más entrar en el río, desde tierra, nos saludan, como si el mundo estuviera dispuesto, y no hacemos más que amarrar cuando ya nos aborda, sonriente, un hombre. Es un francés, se llama Sylvain, es miembro de un movimiento de segadores voluntarios de transgénicos. Desde él voy dibujando una fina flecha río arriba, con personas concretas, precisas, las que piensan y hacen.
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 Sylvain con los pins que revindican sus posturas
Le contamos que saldremos de Deltebre a las 08:30h de la mañana, en dirección a Amposta, a donde llegaremos previsiblemente las 10:00h, rodead@s de barcas, piraguas, bicicletas, y tod@s aquell@s que se quieran apuntar a acompañar al río. Dice que se suma, quizá acuda con sus hij@s.
Continúo el camino, emocionada, susurrándole al río “hola, ya estamos de nuevo aquí, no estás sólo”. Ya no son mis pies los que se hermanan con el Ebro, a bordo de este barco solar mis pies son miles.
La mujer que fuí, aquella que caminó durante 42 días a solas junto al Ebro, nunca imaginó que sus pasos desembocarían en esta situación. Levanto una copa invisible hacia el sol, agradecida. “Quizás las personas mueran, pero sus sueños permanecen”, me cuento a media voz, mientras brindo con cada persona con la que me he encontrado en este camino.
Apuro el vaso con María, la abuela de nuestra amiga Mine (que pasó por Arenys de Mar como voluntaria). Aquella frágil y dulce mujer subió al barco el 7 de julio, con su nieta y con su hija, para dejarse llevar por el sol. Al terminar su silencioso periplo (apenas abrió la boca) escribió en el libro de los sueños que llevamos a bordo: “Es una maravilla. Crec que els temps que venen en el món podrán suprimir moltes coses que el destrueixen”.
Veinte días después María se iba de este mundo, por eso doy un trago a esta copa hecha de luz y miro la orilla de este río que duele y amo mientras me repito que los sueños no nos pertenecen porque hay millones de personas en este planeta que toman el testigo.
Desde que me enrolé en el catamarán solar tengo la fortuna de poner nombre y apellidos a quienes hasta ahora no imaginaba que existían, personas que dejaron de ser anónimas por el simple hecho de asomarse al barco. Les agradezco que me dejaran contemplar su sorpresa al comprobar que se puede navegar (estar en el mundo) de otra manera. No imaginé que la ternura por el planeta y los seres que la habitan pudiera conmoverme tanto… Y vuelvo a brindar, esta vez por mi suerte, que me permite azuzar desde la retaguardia la mirada de tantas personas.
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María, escribiendo en el libro de los sueños
Me emborracho con el reflejo de la luz del sol en estas aguas turbias de la desembocadura. Las gaviotas Adouin juegan a seguirnos los pasos. Vuelvo a recordar a Simone Weil, la filósofa del amor y la desgracia, cuyo libro “La gravedad y la gracia” se coló a bordo hace unos días. Como remedio contra las injusticias y desmanes del ser humano, en él desea “una clorofila que permitiera alimentarse de luz”… Y a mi alrededor todo es verde, buen principio.
Ebria de luz me digo que “No creí que ser marinera podría parecerse a ser partera de sueños, de los que también formo parte”, intentando encontrar una frase que lo abarque todo.
Basta formularla para que aparezcan ante mí decenas de conversaciones, de las que me he alimentado. En 2011, Pedro, un hombre de 68 años, pescó 484 lubinas con su caña. El año pasado fueron 173 y éste sólo 14. “La mitad perdían las escamas; están enfermas por todo el veneno que echamos a la tierra”. Me explicó que la lubina vive en las desembocaduras de los ríos, allí donde las aguas dulces y saladas se encuentran, de modo que son un preciado termómetro de nuestra actividad terrestre. “Ahora lo que hago es comer menos, vivir con lo que hay y rechazar los pesticidas”.
De la mano de Guillem, miembro del GROC (Grup de Recerca d’Opistobranquis de Catalunya), descubrí que existe otra especie que podría ser también un sensor de la salud de los fondos marinos. Se trata de una pequeñas y coloridas babosas, violetas, naranjas, amarillas, azules, moteadas, rayadas, lisas, “peludas”… que habitan el fondo del mar. Han elaborado un listado, con retratos incluidos, de las especies más abundantes en el litoral catalán, al que desde hace días me asomo, fascinada por la levedad de estas mariposas marinas. Le empiezo a explicar que hace siete años rodeé Mallorca a pie con un hilo, deseando hacer de la isla un simbólico capullo de seda, con todos sus habitantes dentro. Aún creo que la isla es una mariposa capaz de renacerse una y otra vez… Pero no, creo que sólo pensé en contárselo, prefiero escuchar sus propuestas.
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En el fondo de los ojos de Eloy, su madre… y el panda
Eloy, de 9 años, me dijo, muy formal “¿Y qué tal si pescamos menos?”. A su lado, Joan Pï, amigo de Pedro, experto en diseñar fuselajes de sus propios ultraligeros, hacía sus propias cuentas: “16 kilowatios de energía transportando 13 toneladas a 6 nudos… ¡Qué maravilla de casco!”. Días antes, bailé en la cubierta de este barco con cinco niñas y un niño de la asociación animalista Trifolium, gritando un himno improvisado “(Somos bucaneeeeras, y no pescamos peeeeeces”) que aún tarareo a solas. Definitivamente, hay personas que están despiertas y son contagiosas.
Me asomo al cuaderno de sueños e hilo frases al azar, con la fantasía de estar escribiendo el libro más largo del mundo: “Navegando por las líneas invisibles del mar y de la vida, abierto a la sorpresa, agradecido… (Julio) Veo a la mariposa y su velocidad acompañando al barco, siento los fotones impactar sobre el azul, somos agua y somos energía… (Manolo) La sostenibilitat d’aquest món comença amb coses com aquestes… (Ray) Ojalá el mundo se vaya acercando al sol, volviendo al mar… (Mine) Crec que els temps que venen en el món podrán suprimir moltes coses que el destrueixen… (Su abuela, María) Somniant en el futur de la navegaciò pot ser el somni es ja una realitat l’abast… (Jordi) Por un nuevo mundo, un nuevo niño… (Yeray, 3 años) Si mai necessiten un mariner, aquí teniu el meu mail y tlf… (Arnau) Todo esto es vivir, y vivir no tiene precio… (Fernando) Siento que hay una gran conexión entre tod@s con este barco… (Raúl)… Y lo que más me ha gustado es tocar la caracola (Nuria, 7 años)…
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Foto de Pablo (9 años) del barco solar que él mismo había dibujado en el cuaderno de sueños
En estos últimos días ardieron 2000 hectáreas de Mallorca, con árboles, fauna y flora endémica, jardines, animales domésticos, patrimonio cultural, millones de insectos e invertebrados y muchos sueños sublimes. Cuando nos encontrábamos a 20 millas del Ebro y a unas 200 de la Tramontana, subió a bordo una canción, “Pare”, que Joan Manuel Serrat ya cantaba en los ochenta. Como llevan las novias entre las enaguas, tomo prestada su letra y la sumo al cuaderno de sueños: “Padre, decidme qué le han hecho al río que ya no canta… Pare, digueu-me què li han fet al bosc que no hi ha arbres… si no hay pinos no se hacen piñones, ni gusanos, ni pájaros. Padre, donde no hay flores no hay abejas, ni cera, ni miel… Pare, demà del cel plourà sang. El vent ho canta plorant…”
Todo lo que sube a bordo deja una huella pequeña que enhebro en este vaivén por el Ebro. Hilo su luz con las vidas segadas en el tren de alta velocidad en Galicia y con el reguero de suicidios de quienes no han podido afrontar el desalojo de sus casas. Recuerdo que Pedro, el pescador de lubinas, ha hecho un recuento de las aves que ha dejado de ver en Palamós. De las 150 especies que conoció de niño y que ya no anidan en sus tierras echa de menos al tejedor, capaz de hacer verdaderas obras de arquitectura con trozos de lana, crines de caballo, ramas…
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El tejedor en su nido
En nombre de ese ave que dejó de anidar en los jardines de tantos hombres buenos engarzo los tesoros que he ido encontrando durante el viaje, queriendo regalarle al Ebro un collar que luzca en sus días más duros. Así, mientras voy de la cocina a los cabos,  contemplo el río, pues, como indica Simone Weil. el trabajo manual está al ras de la contemplación y es útil para sentir y conocer verdaderamente el mundo. Así, desde ese lugar, a pie de agua, rescato testimonios azules.
Cuando Joan Sol (fundador del movimiento slow sailing) embarcó,, la tarde empezaba a vencerse. Le pregunté por su primer paso, por cómo se le ocurrió abrir ese trayecto, y recordó las palabras que en su momento escribió en su blog ( “El mar es el camí”): “Trobo que el viatge és tan o més interessant que la meta, sigui quin sigui el premi. A més, quan arribes a port, la navegació i, per tant, el plaer de navegar s’acaba. Quin sentit te, doncs, córrer per arribar el primer? Si arribar primer és més gratificant que el viatge, quin sentit té llavors navegar?”. El concepto cobró forma el 19 de enero de 2009 con un decálogo qué califica de “romántico, como todos los manifiestos”, y que arranca con la siguiente afirmación: “L’important no és el vaixell, sinó la teva relació amb ell i amb el mar”.
Slow no significa ser lento sino dar a cada asunto su tiempo, el necesario para que crezca, para asimilarse, para cambiar el mundo. Esa misma tarde, en la que veíamos acercarse el skyline de Bracelona junto con su compañera, Marta, tejedora de insólitos bolillos contemporáneos y nuestra cómplice Judith (que vivió a bordo una de las tormentas nocturnas más estruendosas del viaje antes de regresar al Centre d’Estudis del Mar de Sitges), apareció en nuestro lenguaje un nuevo concepto: Slow Change, un cambio con tiempo… Su muñidor, Miguel Murcia (coordinador de la campaña “embarcate” en el que está inmerso el WWFsolar) suele dar en la diana.
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“Mar”. Punta de Coixi contemporánia. Obra de Marta Salomó
Slow, repito, mientras vuelvo a remontar el Ebro lentamente (que es como decir eternamente), deseando que llegue el domingo. A mi lado el capitán no deja de trazar redes, con l@s responsables del WWF, con l@s de la Plataforma en Defensa de l’Ebre, con quienes se acercan a nuestra vera, con l@s amig@s que se sumarán en este trayecto… “Veniu el diumenge”, venid, con piraguas, con flotadores, con quien queráis. Venid del pasado, Yolanda, Rafa, y mirad en qué desembocó aquel viaje a pie en el que me acompañasteis hace tantos años, pues ya se están acercando aquell@s que nunca conocí. Llegan en forma de canciones, de memoria heredada, de libros encontrados…
Hace tan sólo cinco días conocí a Daniela Schlettwein, la persona que financió la construcción de este barco. “Gracias por su sueño, desde hace cinco semanas habito en él”, le dije, estrechándole la mano. Y la anciana, tan dulce y menuda como María, contestó: “Yo sólo deseo que siga creciendo”.
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Daniela, escribiendo en el cuaderno de sueños
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2 thoughts on “Los ríos y los mares se suman a nuestro “Slow Change”

  1. Deliciosa tarde de navegación, la que pasamos Marta y yo a bordo del “WWF Solar”, ese velero sin velas que bebe de los vientos solares, la misma energía que alimenta a todos los seres vivos; una energía libre que, según parece, algunos quieren privatizar, como el agua de los ríos y, quien sabe, si no se lo impedimos, como el aire que respiramos. Importante misión la que tiene encomendada este barco solar y sus tripulantes, de concienciar a quienes habitamos esta parte del Mediterráneo sobre la importancia y el valor de estos preciados bienes -el mar, el sol, el agua-, que recibimos generosamente de la Naturaleza, y la necesidad vital de conservarlos.
    Feliz navegación, mañana, en vuestra ascensión por el Ebro, en defensa del río; muchas gracias por adoptar la bandera y el espíritu del Slow Sailing, ese movimiento que, por ahora, no pasa de ser un leve temblor; y muchas gracias también por la tarde que pasamos a bordo en vuestra compañía -Marta os agradece especialmente la mención y la foto de su trabajo-, empapados de sol y de energía positiva.
    Un fuerte abrazo y hasta pronto.

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