Image

Una tripulación paralela

BY MARTHA ZEIN

Ya empiezan a enrolarse. Son pequeños peces que salen de las bocas de quienes nos acompañan o de quienes se acercan a despedirnos. Saltan a bordo como si temieran ser devoradas o desaparecer para siempre en las gargantas. Son esas frases que se dicen al azar y que se quedan colgadas en el perchero de este enorme salón azul en el que se mecen nuestras conversaciones. Hago como si no me diera cuenta de su presencia. Dejo que se sientan a salvo, y al caer la tarde, cuando el sol se apaga, las recojo. Son mis pequeños tesoros, mis fetiches, mi tripulación privada.

Silvia y Mercedes dijeron “como el anuncio de Ernest Shackleton” mientras hablaban de las motivaciones y sus nuevos proyectos. Cuando me quedé a solas volví a la frase perdida y dejé que hablara. “Se buscan hombres para viaje peligroso. Sueldo escaso. Frío extremo. Largos meses de completa oscuridad. Peligro constante. No se asegura regreso. Honor y reconocimiento en caso de éxito”. Por lo visto respondieron a este anuncio más de 5.000 aspirantes, entre ellos “tres chicas deportistas” que evidentemente no fueron seleccionadas. Son Peggy Peregrine, Valerie Davey y Betty Webster. En su breve carta decían: “No veo por qué los hombres deben tener toda la gloria y las mujeres no, sobre todo cuando hay mujeres igual de valientes y capaces”. Allí estaban ellas, abriendo nuestros caminos hace cien años. Transformo la frase y le doy un sitio en mi tripulación. Aparece así en mi cuaderno de bitácora: “La Antártida no siempre está donde se la espera ni donde todos la ven”.

tres chicas deportistas

Así arranca la carta de Peggy, Valerie y Betty.

El explorador irlandés preparaba su tercera incursión en territorio antártico. El grupo de hombres que le acompañaron fueron 27: un cocinero, dos cirujanos, un geólogo, un físico, un meteorólogo, un fotógrafo (sí, también había una cámara, como en el GoOn) y un artista para documentar el viaje, entre otros. Me interesa entender el criterio que tuvo Shackleton a la hora de montar su equipo porque yo también estoy formando mi íntima tripulación. Me entero que sus encuentros con los aspirantes no duraban más de cinco minutos. Junto al conocimiento científico y la experiencia náutica valoraba el sentido del humor.

Observo a mi primer fichaje. Me gusta. Es una frase fértil. Cada vez que vuelvo a ella me regala una reflexión. Ahora me ha hecho recordar que aquel Polo Sur que hace cien años fue capaz de atrapar al buque Endurance entre sus muros de hielo hoy está desapareciendo. Sus glaciares están en retirada y hacen que mares y océanos aumenten su nivel. Antes de que termine el siglo subirá hasta un metro de altura.

Hay una parte de mí que se regocija: ¡A la porra el boom turístico y su obsesión por las “primeras líneas”!. Es sólo un arrebato. El 80% de Maldivas se encuentra a menos de ese metro de altura. De golpe me siento flotando en un vaso a punto de desbordarse. Está llegando el tiempo de la desaparición de miles de orillas. Pienso en los habitantes de esas 1200 islas. Su tierra se va hundiendo lentamente cada día. Milímetro a milímetro, alcanzarán el anunciado metro dentro de cuarenta años. ¿Huirán, levantarán muros, vivirán encaramad@s en palafitos en medio de la nada?. Las islas del planeta se están hundiendo sin necesidad de movimientos sísmicos, sólo quienes viven en los continentes pueden mirar hacia otro lado.

antartida.-_el_deshielo

Bloques de hielo de la Antártida, el envés de las paredes calizas

Busco el diario de viaje del comandante del Endurance. “En los témpanos, los hombres se turnaron para cavar desesperadamente trincheras en torno al buque agonizante. Dentro de éste, el sonido del agua que entraba y el clic clac de las bombas se elevaba por encima de los gemidos de las torturadas vigas”. Arrebujada en mi camarote, escucho los crujidos de nuestra pequeña nave y conecto con la fragilidad. “No tengo duda que la providencia nos ha guiado… Yo sé que durante aquella larga y terrible marcha de 36 horas sobre las montañas sin nombre y glaciares, a menudo me parecía que éramos cuatro y no tres”.

Aparece ante mí la providencia. Abro mi humilde cuaderno de bitácora y emborrono otra idea: “Aceptar la presencia de lo imprevisible o de lo que ignoramos, en eso consiste navegar”.

sirena En manos de Judith encontré el retrato de la providencia

10 de la mañana. Llevamos navegando un par de horas. Intento centrarme en la información que da la sonda. El capitán me ha avisado de que en la zona hay bajos. La parte izquierda de mi cerebro reclama todo su poder. En ruta es mi babor neuronal quien lleva el mando. pues me permite transformar la información de mi entorno (a cuántos nudos vamos, hacia qué grado exacto nos dirigimos, la velocidad del viento…) en actos y pensamientos. El estribor de mi cerebro no es que esté dormido, simplemente toma notas.

La navegación es tan tranquila que me permite buscar en mi cuaderno. Encuentro el dato: el pasado 13 de abril, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) publicó un informe en el que advierte que tenemos 15 años para evitar superar el umbral de un calentamiento global de dos grados. Mi hemisferio de estribor se tensa (abomina las cifras) y enciende la señal de alarma: !Nos estamos hundiendo! La Antártida se derrite y las olas ya han comenzado a digerirnos… No hace falta que le haga callar. “Atenta al rumbo”. El viento ha vuelto a girar. Dicen los navegantes que “el Mediterráneo es así”, que rompe las previsiones, hace lo que quiere con las corrientes y llama constantemente la atención. No me importa si el argumento es poco científico, simplemente creo a los hombres del mar y al Mediterráneo. El capitán me indica que almorzaremos tras el cabo que aparece por babor.

En unos días, estos rincones por los que surcamos a vela volverán a pasar bajo las quillas del WWF solar. Me revuelvo en mi asiento. Por primera vez en cinco años el catamarán dejará de hacer navegación costera (12 millas náuticas) para adentrarse en altamar y cubrir las 166 que separan Alicante de Mallorca. Sé que en su cubierta el viento se recibe de otra manera, que sus movimientos sobre el agua son circulares, que su forma de encaramarse a las olas es “horizontal”, nada de escorarnos por la fuerza del viento… Y también que la navegación solar facilita la percepción de los ritmos de la naturaleza y los cambiantes olores del mar. Atravesar este tramo del Mediterráneo con la conciencia despierta será probablemente una experiencia explosiva.

RENE QUILLIVIC HUNDIMIENTO CIUDAD DE YL

Ilustración de René Quillivic. “Hundimiento de la ciudad de Ys” (1924)

Aprovecho el sopor de la siesta para perderme en un magnífico libro: “Castor: la bombolla sísmica”. En él Jordi Marsal relata la ambición de Florentino Pérez, presidente del Real Madrid y de ACS, una de las empresas con intereses en el almacén de gas marino situado frente a las costas de Vinaròs (Castellón), el polémico Proyecto Castor. Ante la evidente relación directa entre la inusual sucesión de pequeños terremotos en otoño pasado y la inyección de gas, el empresario estudia obligar a la Administración Pública a compensarle con una indemnización superior a los 1.400 millones de euros, que pagaríamos tod@s l@s consumidor@s a través de nuestra factura del gas.

La duna fosilizada que nos protege me sobrecoge. Su pared es una milhoja enorme esculpida por el tiempo. A su lado soy pequeña y frágil. Floto sobre una nuez. Si todas las previsiones se cumplen, mañana zarparemos rumbo a Alicante, con un alto en Ibiza o Formentera. Llevo conmigo el mapa elaborado por el WWF en el que aparecen los proyectos petroleros previstos en las aguas nacionales. Parecen un campo minado. Paseo el dedo por las que podrían ser sus heridas, imagino que mi yema es el catamarán solar. Intento conectar con todo el amor que soy capaz de sentir para que nuestro recorrido tenga una sola intención: devolver a las aguas la energía perdida y que de alguna manera llegó a mí.

Levamos anclas. Aquí, ahora, observo la dulce estela del GoOn dibujando espirales sobre el azul y deseo con toda la fuerza de mi alma devolver a mi entorno esa “sustancia” que llegó a mí, transformada en energía. En tiempos de compromiso necesario y reivindicaciones justas, es importante hacer presente la intención.

 prospecciones mediterraneo wwf

Paseo el dedo por el mapa de las heridas de esta zona del Mediterráneo

Apenas llevábamos media hora de navegación con el viento, al fin, de popa, cuando el motor del GoOn dejó de funcionar. Alejad@s de la costa, el capitán hizo las debidas comprobaciones y ordenó retroceder: “Regresamos a puerto”. Sólo en estos casos me doy cuenta de hasta qué punto están arraigadas en mí las expectativas, los calendarios, las previsiones… Cada vez que comenzamos un ciclo náutico, la naturaleza se encarga de recordamos que en un barco la vida es una constante negociación. No siempre zarpas cuando prevés, ni llegas a la cala deseada, ni el mar o el cielo te da lo que quieres o necesitas. Aquí los éxitos y los fracasos se miden de otra manera. El viento que al amanecer era nuestro aliado vuelve a darnos la cara. Avanzamos lentamente. Para nosotr@s esta noche será corta, aún más que la del próximo solsticio.

Olga asoma la cabeza por la escotilla y rompe el silencio con una enorme sonrisa. No sé cómo sucede pero una frase/pez vuelve a saltar de su boca: “El vínculo es el compromiso del inconsciente”. Sonrío. Acaba de subir a bordo el segundo miembro de mi tripulación.

 339

Graciela amplió la dimensión de los diálogos con esta foto. Entre el barco y su orilla “Es Caragol”
Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s