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Entre los dientes de un monstruo resbaladizo

BY MARTHA ZEIN

Al fin el viento amaina y deja que el mar nos acune. El horizonte se acerca dulcemente. No soy yo quien va (estoy sentada). !Ahí llega!, ¡ahí llega la línea azul!. “Debo de andar teñida”, miro mis manos y la mesa con los restos del desayuno en busca de pruebas. Los últimos tomates ecológicos que nos trajeron del huerto de Annie, el resto del queso fresco de Raúl – uno de los voluntarios del primer turno-, las olives trencadas por Vicenç, el pan de Bego, todo conserva su propio aroma y el color que les dio la tierra, sin embargo hace horas que el futuro entra por proa, vestido de añil. Concluyo que sólo soy capaz de oler el presente, de tocar algunas huellas del pasado, que todo cuanto muerdo es aquí y ahora. Hinco el diente a una manzana, qué dulce acidez. Entre su carne se ha colado un pequeño pánico infantil: me deslizo lentamente en las fauces de un monstruo resbaladizo. Las nubes hacen de labio superior, el aire es su lengua invisible. Cómo y soy comida, qué extraña ensoñación fractal.

image¿La ballena de Jonás no tendría la lengua azul?

Atrás quedó Cala Ratjada (Mallorca), ahí delante aparecerá Ciutadella (Menorca). Navegamos por un espacio que enlaza las despedidas y los encuentros. Esta campaña hace evidente que aquello que solemos concebir como una frontera, como una puerta de salida, un borde o el umbral, es un lugar habitable. En uno de sus mares debemos de estar moviéndonos, fluyendo entre el adiós y los buenos días, besando en la boca a esta quimera resbaladiza hecha de tiempo. Si una gota de mar puede representar a todos los océanos, si un helecho es igual a cada una de sus partes, deduzco que en una escala histórica nuestro catamarán está enlazando el trágico siglo XX de los excesos con este siglo XXI que apenas está ganándose el nombre.

Anoche llegó a mi ordenador el primer poema de mi sobrina Charlotte (7 años) en el que hablaba de un monstruo capaz de hacerla reír: “He was all green and slimy / When he got into the bath” y yo me vuelvo niña. Asomada al borde de una enorme sonrisa cetácea me digo que los seres humanos viajamos en el “durante”, que navegar es habitar el tránsito, que vivir es llegar a ser el que eres, habitar el lugar que vives, llegar a amar a quienes amas, hacerte cargo de tus acciones y pensar tus propios pensamientos. Ser humano es un punto de llegada.

imageLo de arriba como lo de abajo

Observo a la timonel, que ahora es Judith. La veo envuelta en un cielo esponjoso: Azul arriba, azul abajo; el principio de correspondencia. Me detengo en los detalles que me ofrece este instante para entender la ruta de mi escritura, como si el mundo se me ofreciera a modo de texto inmenso. Para l@s narrador@s trashumantes no hay palabras “nuestras”, simplemente pertenecen al camino y de ahí las tomamos, con respeto, alegría y frugalidad. Por eso estoy aquí, espigando imágenes e ideas. Unas veces tienen forma de instantes, otras son frases usadas o ajenas o retazos de libros o ideas fugaces o humildes epifanías o restos de naufragios como el estribillo de una canción olvidada. “Así en la tierra como en el cielo”. Imagen fractal, oración marchita. ¿En cuántos relatos, trascendentes o inmanentes, aparecen enlazados tierra y cielo? Y en ese binomio, el mar ¿dónde queda?

Tiro del hilo. A bordo de este catamarán es fácil experimentar viejos asuntos, como que todo fluye y refluye, que todo asciende y desciende y se mueve rítmicamente como un péndulo y que nada está inmóvil y que, en fin, todo vibra, y que esta experiencia es compatible con preguntas como “¿Dónde estoy?” o “¿Qué estamos viviendo?”. Las respuestas, por supuesto, pueden tener forma histórica, no sólo geográfica o poética; por ejemplo, afirmar que estamos viviendo en el caos de una tiranía compacta en la que están involucradas desde las 200 multinacionales más grandes del mundo al Pentágono, una dictadura que al mismo tiempo es difusa, ubicua y materialmente localizable, capaz de destruir la vida en el planeta en el que opera.

imageConstruyendo puentes

Ha llegado a mis manos el libro “El siglo de la gran prueba”, de Jorge Riechmann. En él este poeta, filósofo y ambientalista recuerda que “el arte de la verdadera política” es el de “la política para que haya humanidad, de la política informada por la conciencia de fragilidad, la aceptación de la finitud humana y el respeto a la dignidad del otro“. En esta era de la información y el intercambio de datos, el compromiso político consiste en demostrar que de lo que digo respondo con mi persona y de lo que hago respondo con mi palabra. Palabra y obra, vasos comunicantes. Este compromiso individual y cotidiano puede ser una flecha dirigida a nuestr@s líderes pero también la base de un ideario y de una estrategia de empoderamiento colectivo. Navegar a bordo del WWFSolar es una forma de expresar estos planteamientos.

Envuelt@s en futuro, mientras muerdo el presente y recorro las costas de Baleares, cada conversación a la que asisto es un acto político, cada opinión una forma de testimonio, como sucedió la noche en la que Sergi llegó nadando al barco.

Mientras fuera caía el sol, Sergi puso encima de la mesa el concepto de “custodia del territorio” y fuimos picando de su plato en animada charla nutricia. Fue así como hablamos de corresponsabilidad, de nuevos modelos de gestión y gobernanza, de cooperación, de alcanzar el bien común…  Por lo que entendí, custodiar el territorio es un verbo que en tierra declinan propietari@s y usuari@s pero que en el mar, al no existir la propiedad privada, puede hacerlo cualquiera que se sienta implicado en el cuidado de los espacios marinos. Consiste en ir más allá del respeto individual hacia nuestro entorno, supone “trabajar en red”, desarrollar mecanismos de colaboración entre la sociedad civil, la comunidad científica, l@s trabajadores de la tierra o del mar, l@s propietari@s de las parcelas y la Administración Pública de modo que se puedan alcanzar “acuerdos voluntarios”. Cuando éstos van más allá del aspecto testimonial y tienen capacidad ejecutiva, alcanzan la categoría de “cogestión”.

imageNavegar en un texto…

Sergi sabe de lo que habla, es miembro del GOB-Menorca, director de OBSAM (Observatorio Socioambiental de Menorca) y coordinador la Xarxa de Custodia del Territori. En la reunión también está Bego, una bióloga que tras su jubilación continúa implicada de una manera activa en actividades de custodia como la que lleva a cabo la red Observadors del Mar. Desde hace unos meses forma parte de una red de casi 600 observador@s que ofrecen sus datos y fotos a la comunidad científica para que ésta pueda conocer cómo el calentamiento global, la contaminación, la sobrepesca, las invasiones de especies, etc… están amenazando el ecosistema marino. Hay proyectos de investigación que recogen información sobre especies indicadoras de fenómenos de cambios como las gorgonias o las medusas, otros buscan conocer mejor la biodiversidad en el Mediterráneo (detectando, por ejemplo, las esponjas amenazadas), cuantificar el incremento de esta problemática, concienciar a los ciudadanos a hacer un uso responsable del mar…

La experiencia de quienes van subiendo en constante cuentagotas al WWFSolar llena de matices el lema de la campaña: “Compromesos amb el mar”. Como marinera del catamarán voy metiendo en mi cuaderno de bitácora palabras fascinantes, términos que no había pronunciado antes. Extraños peces. Esta mañana he pescado un concepto que estoy deseando digerir: “esfuerzo pesquero”. En el entorno marinero se trata de una medida de intensidad de las operaciones de pesca determinada por las artes (equipo empleado para la captura), los caladeros (zonas donde se colocan las redes de pesca), el tiempo de la extracción… Nada más oírlo pregunté quién es el que hace el esfuerzo y me miraron de forma condescendiente. Está claro que no sólo soy de letras sino que soy más terrícola de lo que puedo llegar a imaginar. En el fondo de mis oídos rió el monstruo resbaladizo (“He’s a little strange / He sleeps in our bin”, me recordó anoche Charlotte).

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En la vida cotidiana de l@s terrícolas “esfuerzo” se identifica con sufrimiento gracias a una cadena de equivalencias que nos llevan a enlazar lo que el Diccionario de la Lengua de la Real Academia Española entiende como “Empleo enérgico de la fuerza física contra algún impulso o resistencia“ (es decir, “esfuerzo”) con el término “sacrificio”. Según la quinta acepción del citado Diccionario sacrificio es el “Peligro o trabajo graves a que se somete una persona“. Sin ninguna duda la mayoría de los seres humanos hemos experimentado sufrimientos al esforzarnos en el logro de alguna cosa, este sufrimiento es el que nos lleva a asimilar esfuerzo con sacrificio.

Pues bien, ¿Qué hace la palabra “esfuerzo” en el seno de una actividad económica? ¿Eh? ¿Dónde coloco yo ese término en mi contabilidad cotidiana? Cómo directora de una productora de documentales me costó mucho hacer encajar mi actividad artística en el término “coste” y ahora resulta que existe un rincón en el mercado en el que es posible calcular el “esfuerzo” en términos económicos. Si están dispuestos a reconocer que el esfuerzo es cuantificable y puede tener valor monetario, que alguien me diga quién hace ese esfuerzo/sufrimiento/sacrificio ¿No?

Como la risa de la ballena es cada vez más alta, decido resolver yo sola el enigma, o al menos llevarme una respuesta a la boca para que esta sensación fractal llegue a un equilibro (me comen, yo como), de modo que acudo a un glosario “formal”. Encuentro la siguiente definición en el diccionario de ecotropía : “El esfuerzo pesquero QUE EJERCE UN BARCO puede definirse como el producto de su tiempo de pesca y su capacidad pesquera, entendiendo ésta como el potencial de la embarcación para capturar peces”. !Eureka! Si el esfuerzo lo ejerce un barco (en términos de sufrimiento el verbo sería “inflinge”) se supone que lo hace sobre alguien o algo, es decir, que en esta relación el barco es la parte activa mientras que la pasiva es el entorno marino. Salto de la silla. ¡Menudo hallazgo! No puedo dejar de brincar. !El impacto de nuestra actividad pesquera ha logrado no ser expulsada de la contabilidad nacional e internacional! ¡Lo que hoy llamamos huella ecológica se enlaza con una palabra resiliente!, !es importante!, !importante!.

Mi tesoro no parece excitar demasiado a mi alrededor y sin embargo a mí me asalta un aluvión de ideas. El hecho de que en el mar no exista propiedad privada quizá haya permitido que la Historia de la humanidad no haya cerrado la puerta a la fragilidad de esta parte de la naturaleza y a nuestra dependencia de él. Uhm, ganarse la vida en negociación constante con el mar, el viento, el sol… me parece cada vez más subyugante.

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La semana pasada, apostada en el bar del muelle de Cala Ratjada (Mallorca), vi regresar del mar a arrastreros y barcas de artes menores. Les observé intermitentemente, en tierra cuando el viento de Levante nos permitía abandonar el catamarán con confianza y en cubierta cuando el mar demandaba atención. L@s expert@s del WWF organizaban el primer taller participativo de la campaña con la cofradía de pescadores de la localidad. El dueño de la taberna, Gaspar, me contaba que si en el año 2008 el Ministerio de Medio Ambiente y el Govern balear crearon la Reserva Marina de Interés Pesquero de Cala Ratjada fue por iniciativa de la Cofradía de Pescadores y que ha sido su capacidad de decisión lo que ha permitido la apertura de una pequeña lonja en el puerto. La lonja ha permitido que el mundo se haga un poco más coherente. Apenas hace tres meses que la población del lugar accede por vez primera en su historia a un pescado fresco que hasta ahora siempre veían pasar de largo, pues iba del mar a la lonja de Palma, con el consabido incremento de precio. Mientras, en el otro lado del puerto, apenas a 500 metros de nuestro amarre, el barullo de los turistas incrementaba con cada gol de Alemania en el Mundial de fútbol.

En invierno el municipio está habitado por 11.000 personas, una cifra que alcanza las 40.000 durante los meses de verano, la mayoría jóvenes alemanes que llegan a la localidad de la mano de touroperadores que les prometen fiestas de alcohol y sexo a precios ridículos. La cifra me la dio el propio alcalde, Rafael Fernández, cuando se subió al catamarán acompañado de algun@s miembr@s de su equipo de gobierno. Nada más oírle recordé que es la misma proporción que soporta Formentera y que hace insostenible su modelo económico, deja seca a la isla, multiplica hasta un doloroso absurdo el tráfico de botellas de agua y de alimento, encarece la gestión de residuos y convierte en un acto minoritario cualquier movilización local que defienda la sostenibilidad de su entorno. Cualquier decisión pública se ve distorsionada por esta avalancha de personas que esquilman a su paso todo lo que encuentran: cultura, medio ambiente, economía… Nuestra cadena trófica se desequilibra con este modelo turístico, en Cala Ratjada y en Formentera por goleada de 1/4.

“Nuestras economías son predominantemente economías de servicios, si nos atenemos a la asignación de fuerza de trabajo. Pero dependen, no menos que hace un milenio, de una producción adecuada de alimentos” explica Vaclav Smil, científico checo/canadiense y analista político en “Alimentar al mundo -un reto del siglo XXI” y yo no puedo evitar recordar esa palabra resiliente, “esfuerzo” (pesquero) y sentir que el mar es una fuente de recursos y alimentos.

Llueve. Ayer nos pilló paseando por la costa y hoy en el WWFSolar. Encontramos refugio en un búnker abandonado. Ví caer la lluvia por un ventanuco, entre las piedras se colaba un hilillo de agua y pensé “Llueve en el vientre de la ballena”. Aquí, ahora, se deshace el cielo sobre el tejado solar (arriba agua, abajo también) y yo me imagino navegandoentre los dientes de una extraña ballena.

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