Viajamos al centro del Océano.

BY MARTHA ZEIN

Imagina
que el mundo diera un vuelco
y todo lo que se levanta por encima de nuestras cabezas lo hiciera con la misma desmesura bajo nuestros pies,
que valles, ríos, coronas de montañas… y todos sus habitantes tuvieran una vida ajena a la nuestra, allá abajo, bien lejos de nuestros pasos.
Imagina
que no ver fuera el estado natural de los seres vivos
o ver poco
o esforzarse en ver.
Imagina un lugar en el que caminar fuera una inútil anomalía
que tener la boca descomunal o los ojos saltones o la piel translúcida fueran valiosas cualidades,
que allí donde siempre se levantó el infierno vivieran en paz millones de seres aún por bautizar.

Llevo un par de días canturreando aquella canción que compuso John Lennon:
... You may say I’m a dreamer
But I’m not the only one…

imageCanturreo mientras me asomo al WWFsolar con los ojos zambullidos. Este año la campaña (#embarcate en su versión 20.15) gira en torno a los fondos marinos y cuando digo fondos me refiero a algo más que profundos: 200, 1000 metros bajo el nivel del mar, 3000 metros….volcanes, fosas, abismos, fallas, tierra ardiendo bajo las aguas. Y aún más abajo, donde la luz no llega y sin embargo la vida existe en su expresión más radical. Qué hermoso oximoron: la luz solar y las tinieblas marinas tocándose en el mismo barco. Las dos caras de este catamarán serán, durante dos semanas, nuestro lugar de residencia.

Cómo no cantar…
Imagine all the people
Sharing all the world…
Bajo el mar no hay fronteras posibles…

Debería haber una versión submarina de esta canción.

Desde que zarpamos de Alicante camino a Cartagena veo el mundo del revés. Son ideas encadenadas: La superficie sobre la que navegamos (en la que nado y a la que me encaramo) es el cielo del planeta acuático… +  Esta lisa superficie (mi punto de partida) es el final de un camino si se observa desde el mar…  +  De alguna manera somos aves para los seres que en ella habitan…

image

Al doblar el cabo de Palos permanecí atenta a la superficie del agua: en algún lugar allá abajo, más lejos aún de la costa, a 56 km del litoral murciano, se sitúa la importante montaña submarina del Seco de Palos. Es toda una cordillera que se levanta desde los 3.000 m hasta los 100 m de profundidad de su cumbre. Si la pudiera recorrer, una vez alcanzada la cumbre volvería a bajar hacia el oeste hasta alcanzar a menos de 3 km de cabo Tiñoso un sistema de cañones y escarpes submarinos que se hunden a más de 2.500 m de profundidad. Tal es la diversidad de la fauna en ese paisaje, tales los nutrientes y sus corrientes de energía, que aquí fuera, en esta superficie-cielo en la que navegamos es fácil avistar cetáceos alimentándose o migrando. WWF reclama su inclusión como AMP y Natura 2000 por sus fondos marinos y por su importancia para los delfines, ballenas y calderones que transitan por este rincón del Mediterráneo. Yo muero por verlos…

Mientras tanto imagino, entre otras razones porque la comunidad científica apenas está descubriendo ese mundo. Los océanos, con una profundidad media de 3.900 metros, suponen el 99% de los espacios terrestres habitados, sin embargo, sólo del 5% de los fondos se ha cartografiado con detalle. Con respecto a sus habitantes, los humanos sabemos que 17.650 especies viven a más de 200 metros de profundidad y que otras 5.722 lo hacen a más de un kilómetro de profundidad. Aún quedan miles de metros por descubrir.

Son seres extraños
ajenos a nuestra medida del mundo
a nuestras percepciones
transparentes
translúcidos
contrarios a las leyes de la armonía.
Me visitan, por supuesto, en sueños. Al fin y al cabo yo les imagino. He empezado a trazar sus pequeñas biografías.

Aquí está el primero. Es una de las pocas filmaciones que han podido obtenerse de este pez en su hábitat. Las imagenes fueron tomadas el 17 de noviembre de 2014 por el robot del Instituto de Investigación del Acuario de la Bahía de Monterey, MBARI (California, Estados Unidos)

Científicamente se le llama Melanocetus Johnsonii, aunque en el barco solar tiene un nombre más corto: Abi. Vive en profundidades normalmente de 3.000 – 4.000 metros.La particular antena que brota de su nariz está repleta de bacterias bioluminiscentes que se iluminan para atraer a los peces que creen que se trata de un gusano luminoso. Una vez que se acerca lo suficiente, el pez agarra a su presa con sus enormes dientes. Su boca, siempre abierta, puede tragar ejemplares de más del doble de su propia longitud, que no es mucha, pues alcanzan un tamaño máximo de 20 centímetros si son hembras mientras que los machos apenas llegan a alcanzar los 2,8 centímetros. Imagino sus pequeños ojos siempre deslumbrados y su particular forma de aparearse: el macho muerde el vientre de la hembra y, al cabo de un tiempo, se funde con ella para convertirse en un apéndice de su cuerpo. No son minutos ni horas, podría decirse que son días pero mentiría porque no hay sol ni luna que mida el tiempo. Lo único cierto es que durante ese infinito con el que sueñan los amantes, la hembra proporciona al macho riego sanguíneo y nutrientes mientras él no deja de donar esperma.

Abi… bueno, Abi no creo que naciera de esa larga y dulce e interesada cópula. Bien pudiera ser fruto del que aparece en el anterior vídeo y de este:

Abi ha salido del fondo del abismo, como quien sale del armario, ha dejado atrás las cómodas tinieblas para hacerse anfitrión de este universo a los hombres y mujeres del futuro porque sus valles y montañas, sus paraísos oscuros están siendo agredidos por su especie, los humanos. Aunque en el Mediterráneo está prohibido pescar con artes de arrastre a más de 1.000 metros, esta limitación es insuficiente, estas medidas siguen siendo insuficientes; miles de criaturas mueres ahogados o desnutridos por los microplásticos, estos restos de botellas, bolsas, tapones… obstruyen sus sistemas digestivos. Asociado e esto está el problema de la pesca fantasma producida por artes de pesca o aparejos abandonados y en los cuales los peces u otros organismos quedan atrapados. A estas muertes constantes, a estas agresiones y heridas se suman ahora los miles de seres que mueren con los oídos reventados por las prospecciones de petróleo y gas, las ondas de choque que utilizan son tan fuertes que los humanos pueden localizar estos combustibles fósiles bajo las rocas….
Una vez fuera del abismo, la vida es pura aventura.

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