De Valencia a París: #niungradomas

BY MARTHA ZEIN

El catamarán solar de WWF partió de Valencia pero el mensaje sigue en pie: El planeta se calienta cada vez más. Nuestra vida, y sobre todo la de quienes viven en los países más pobres y vulnerables, ya se está viendo afectada: lluvias extremas y sequías prolongadas, escasez de alimentos, daños en ecosistemas esenciales como el Ártico, los océanos o los bosques tropicales, extinción de especies maravillosas…

Hemos sido embajadores de una campaña urgente. El planeta no puede esperar. El próximo diciembre, líderes de todo el mudo se reunirán en la Cumbre de París para hablar del futuro del clima… y del planeta. Y de una vez por todas, deben alcanzar un acuerdo ambicioso que evite un cambio climático catastrófico.

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Pero también sabemos que aún estamos a tiempo, que un modelo energético más saludable, seguro y justo es posible y el cambio ya está en marcha, aunque algunos gobiernos y empresas sigan poniendo obstáculos.

Por eso, mientras avanzamos sobre este Mediterráneo que nos acuna, seguimos diciendo quw es eL momento de actuar, AHORA, porque somos la última generación que puede poner freno al cambio climático.

Podemos y debemos hacer mucho más. Pide al gobierno que aplique en España y defienda en París un modelo 100% renovable y el fin del apoyo a los combustibles fósiles y contaminantes.

Por el planeta. Por ti. Di NO al cambio climático.

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Mentir para que nada cambie, amar para frenar el cambio.

BY MARTHA ZEIN

Acaba de bajarse del barco solar José Luis, un activista de siete años. “Si cuido al planeta, él cuidará de mi”, me dice. Le respondo, con los ojos muy abiertos: “Oh, qué hermosa frase”. Encoge los hombros y sonríe, quitándole importancia: “¡Claro, es que es verdad!”.

Han empezado a rodar cabezas en Volkswagen después de que la empresa automovilística reconociera que instaló un software para esquivar controles medioambientales en 11 millones de vehículos diésel de todo el mundo. Esta mañana WWF cerró la campaña #niungradomas en Valencia con un mensaje muy claro: los gobiernos deben dejar de subvencionar las energías fósiles.

En el cielo la luna se va haciendo llena, recordando que el tiempo pasa.

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Llevo días escuchando que podemos frenar el cambio climático. Durante la campaña a bordo del barco solar he ido elaborando mi particular listado de acciones, fruto de conversaciones con quienes nos hemos ido cruzando: desde promover la eficiencia energética de nuestros hogares a promover que los ayuntamientos lleguen a acuerdos con cooperativas de energías renovables como alternativa a las grandes compañías eléctricas. Reforestar y conservar los bosques, selvas y humedales y a escala más pequeña apostar por los jardines comunitarios, bosques comestibles, azoteas verdes… Hacer uso de material de bajo consumo de energía y, por supuesto, usar el coche eléctrico. Mientras esto sucedía se desencadenaba el escándalo de Volkswagen, uno de los mayores fabricantes de automóviles del mundo. Lejos de innovar apostando por los motores eléctricos se habían dedicado a desarrollar un programa para que sus motores diésel siguieran contaminando por encima de los límites legales.

Su fraude es revelador: Si no existe un control público minucioso y férreo sobre lo que hacen los fabricantes es porque estas grandes empresas sostienen algo más que un modelo económico: apuestan por el poder que da el dinero. A las élites que defienden este modelo (de vida) les importa un carajo el cuidado y, por tanto, la salud del planeta.

Saben que tienen las de perder, por eso mienten.

Fiebre

BY MARTHA ZEIN

Es hora de empezar a hablar en primera persona. Superamos el siglo XX sabiendo que nada humano nos es ajeno, ahora estamos preparad@s para afirmar que nada de lo que le sucede al planeta nos es ajeno porque formamos parte de él. Su fiebre es la nuestra.

Tras el verano más seco registrado por la ciencia se acerca un otoño de lluvias torrenciales y fuertes vientos. El clima está perdiendo el control. Los lagos se secan, los rios llevan cada vez más lodo, el agua de los pozos se saliniza. Es hora de empezar a decir “me enfermo, mis lagrimales se secan, me ahogo, mi comportamiento es tóxico. No le sucede a las generaciones futuras, ni a los más míser@s del planeta, me sucede a mí, porque no hay separación entre el planeta y yo, porque yo soy agua y formo parte de este mundo azul”.

Hace 20 años que sabemos que estamos calentando el planeta pero no tomamos las medidas adecuadas. Seguimos apostando por los beneficios económicos que generan los modos de producción tóxicos. Aunque en parte tomamos medidas para reducir la emisión de CO2 (reducimos el consumo de combustibles fósiles, apostamos por la energía renovable, usamos transportes públicos, sacamos las bicicletas a la calle, practicamos el consumo colaborativo…), seguimos haciéndolo de forma marginal. Es hora de abandonar nuestro comportamiento tóxico de forma absoluta, hagamos un cambio integral, apostemos, por ejemplo, por unos gobiernos que desarrollen una economía basada en recursos. Pongamos límites claros al uso del petróleo y a las prácticas que lo promueven.

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Un informe de 2013 determinó que 90 empresas, 50 de ellas cotizadas en bolsas de valores, eran responsables por casi dos terceras partes de las emisiones industriales de todo el mundo durante los últimos dos siglos. Algunas de estas compañías, fundamentalmente las petrolíferas, sabían del riesgo de las emisiones de CO2 ya en 1980. No nos engañemos, la 21 Conferencia de las Partes (COP21) que se celebrará en diciembre en París quizás alcance acuerdos vinculantes para el 2030 y el 2040, pero serán mínimos. ¿Qué esperar de una conferencia patrocinada por corporaciones como EDF y Engie, cuyas operaciones de carbono equivalen a la mitad de todas las emisiones en Francia?

Nuestro problema es que ya no nos queda tiempo. Ya estamos sufriendo. Nuestros lagrimales ya nos están dando el aviso. El nivel del mar sobre el que navegamos aumenta día a día (el Mediterráneo sube tres milímetros por año, a lo largo del siglo XX aumentó 20 centímetros). Las altas temperaturas baten récords cada verano. Los humedales costeros retroceden. Las olas están cambiando de altura. Las pocas lluvias son cortas y torrenciales. Los pulmones más débiles se quiebran. ACNUR calcula que serán entre 250 y 1.000 millones las personas de todo del mundo que perderán sus casas o se verán forzadas a mudarse de territorio y hasta de país por estas causas en los próximos 50 años.
No es una amenaza, está sucediendo: somos la fiebre de este planeta.

El cielo cuenta

BY MARTHA ZEIN

Mira hacia arriba. El azul no miente. Si se revuelve habrá tormenta.

El azul no existe, es sólo una ilusión óptica, sin embargo, las nubes, el viento, el sol  y todo lo que en él sucede es real. Allí arriba se están cociendo asuntos que vienen de aquí abajo: lluvias repentinas y torrenciales, altas temperaturas, vientos secos y huracanados.

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Azul arriba, azul abajo. Hemos zarpado hacia Valencia. Esta vez el WWFsolar es el embajador de la campaña #niungradomas. Somos la generación que se enfrenta al cambio climático. Este agua sobre la que navegamos absorbe el 40% del dióxido de carbono que emiten nuestros coches y fábricas, este mar se está comiendo la costa centímetro a centímetro, este azul se está calentando y la vida hierve con cada grado.

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Mira hacia arriba y dime si quieres formar parte de esta fiebre.

Sé de 15.700 personas que hoy, ahora, ya se están moviendo para frenar el cambio climático.

Mira aquí, en #niungradomas