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Fiebre

BY MARTHA ZEIN

Es hora de empezar a hablar en primera persona. Superamos el siglo XX sabiendo que nada humano nos es ajeno, ahora estamos preparad@s para afirmar que nada de lo que le sucede al planeta nos es ajeno porque formamos parte de él. Su fiebre es la nuestra.

Tras el verano más seco registrado por la ciencia se acerca un otoño de lluvias torrenciales y fuertes vientos. El clima está perdiendo el control. Los lagos se secan, los rios llevan cada vez más lodo, el agua de los pozos se saliniza. Es hora de empezar a decir “me enfermo, mis lagrimales se secan, me ahogo, mi comportamiento es tóxico. No le sucede a las generaciones futuras, ni a los más míser@s del planeta, me sucede a mí, porque no hay separación entre el planeta y yo, porque yo soy agua y formo parte de este mundo azul”.

Hace 20 años que sabemos que estamos calentando el planeta pero no tomamos las medidas adecuadas. Seguimos apostando por los beneficios económicos que generan los modos de producción tóxicos. Aunque en parte tomamos medidas para reducir la emisión de CO2 (reducimos el consumo de combustibles fósiles, apostamos por la energía renovable, usamos transportes públicos, sacamos las bicicletas a la calle, practicamos el consumo colaborativo…), seguimos haciéndolo de forma marginal. Es hora de abandonar nuestro comportamiento tóxico de forma absoluta, hagamos un cambio integral, apostemos, por ejemplo, por unos gobiernos que desarrollen una economía basada en recursos. Pongamos límites claros al uso del petróleo y a las prácticas que lo promueven.

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Un informe de 2013 determinó que 90 empresas, 50 de ellas cotizadas en bolsas de valores, eran responsables por casi dos terceras partes de las emisiones industriales de todo el mundo durante los últimos dos siglos. Algunas de estas compañías, fundamentalmente las petrolíferas, sabían del riesgo de las emisiones de CO2 ya en 1980. No nos engañemos, la 21 Conferencia de las Partes (COP21) que se celebrará en diciembre en París quizás alcance acuerdos vinculantes para el 2030 y el 2040, pero serán mínimos. ¿Qué esperar de una conferencia patrocinada por corporaciones como EDF y Engie, cuyas operaciones de carbono equivalen a la mitad de todas las emisiones en Francia?

Nuestro problema es que ya no nos queda tiempo. Ya estamos sufriendo. Nuestros lagrimales ya nos están dando el aviso. El nivel del mar sobre el que navegamos aumenta día a día (el Mediterráneo sube tres milímetros por año, a lo largo del siglo XX aumentó 20 centímetros). Las altas temperaturas baten récords cada verano. Los humedales costeros retroceden. Las olas están cambiando de altura. Las pocas lluvias son cortas y torrenciales. Los pulmones más débiles se quiebran. ACNUR calcula que serán entre 250 y 1.000 millones las personas de todo del mundo que perderán sus casas o se verán forzadas a mudarse de territorio y hasta de país por estas causas en los próximos 50 años.
No es una amenaza, está sucediendo: somos la fiebre de este planeta.

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